Hagamos un trato: un nuevo diálogo entre generaciones 04/10/2017

Hagamos un trato: un nuevo diálogo entre generaciones

El mundo está experimentando una revolución demográfica sin precedentes. Según datos de Naciones Unidas, las personas mayores ya representan el 25% de la sociedad y en los próximos años la tendencia al alza en la edad media poblacional se acentuará cada vez más. Según las previsiones, en el año 2040 un 45% de la población tendrá más de 65 años.

El envejecimiento de la población es inevitable y nos pide una nueva perspectiva. Para abordar el bienestar social y la igualdad de oportunidades no podemos dejar de lado a las personas mayores, cada vez más numerosas y con indudables valores que tenemos que reconocer y recuperar urgentemente. El Día Internacional de las Personas Mayores (1 de octubre) es la excusa para pensar en ello, hay que invertir más en el acompañamiento de las personas de edad pero también necesitamos más conciencia: una nueva mirada, otro trato.

No todos envejecemos ni envejeceremos de la misma manera. Cada uno es único y merece dignidad y autonomía en todas las etapas vitales. El elixir de la juventud; ser joven o parecerlo, ha sido un valor exacerbado a lo largo de la historia reciente de Occidente; cumplir años puede suponer en muchos casos una causa de exclusión social y con frecuencia, los más jóvenes, viven sin pensar que algún día también podrían encontrarse en la misma situación.

El arrinconamiento de las personas mayores de la vida pública, de la toma de decisiones, del calor de la comunidad, tiene graves consecuencias no sólo para su bienestar, sino también para el del conjunto de la ciudadanía. No reconocer el estigma del “edatismo” nos lleva a una sociedad coja, sin las experiencias y la pericia de quienes mejor conocen los errores y éxitos de nuestra historia.

La forma en como nos organizamos social y políticamente marca de forma determinante el valor que damos a cada generación. Cada día, políticos y economistas nos comunican las consecuencias que puede tener el envejecimiento de la población y como afectará al estado del bienestar y las generaciones futuras. Se da una imagen de las personas de edad avanzada de grandes consumidores de recursos (médicos, farmacéuticos, sociales) que nos aboca consciente o inconscientemente a una visión economicista, deshumanizada y desvalorizada de todos ellos y ellas.

La necesidad de invertir recursos, de crear medidas de acompañamiento y de fortalecer la solidaridad entre generaciones es ahora más necesario que nunca: se ha demostrado que el aislamiento, la soledad y no ejercitar sus capacidades y autonomía genera a estas personas aún más incapacidad y envejecimiento.

Debemos dar la vuelta a esta mirada excluyente, resaltando el sentido positivo del envejecimiento: hay que innovar y ser creativos en la forma de entender y acompañar a nuestros abuelos y abuelas. Las instituciones, las organizaciones, las empresas y la ciudadanía nos debemos organizar y unir por una nueva cultura de relación, más inclusiva, que recupere los valores y respeto que merecen nuestros mayores. En definitiva, se trata de respetar sus derechos fundamentales.

Una nueva cultura del Buen Trato se traduce por tanto en relaciones de diálogo y de estima al otro, con sus debilidades, capacidades y potencial, tenga este la edad que tenga. Una buena manera de empezar es sensibilizando a las generaciones más jóvenes, buscando y encontrando su empatía. La educación en valores a niños y adolescentes es clave para sembrar este cambio de mentalidad.

Debemos de hacer un trato: todas y todos nos tenemos que implicar en la igualdad de oportunidades de los más mayores. Somos corresponsables de esta nueva mirada, en la escuela y en casa, en el transporte público y los comercios … en todas partes. Es un cambio sutil de mirada, de forma de relacionarnos, que hay que comenzar a hacer hoy mismo.

Los niños y jóvenes deben de ser el baluarte de este cambio; debemos darles a conocer la discriminación invisible que sufren las personas mayores, abrir el diálogo y generar espacios intergeneracionales en los que ellos mismos serán capaces de llegar a sus propias conclusiones. Que el blanco y plateado en el cabello de de una persona sea motivo de admiración y estima y no una excusa más para la ignorancia.

 

Pilar Rodríguez
Directora de la Unidad Operativa Sociosanitaria y Adjunta a Gerencia de la Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD)

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