Una sociedad enferma 24/11/2014

Una sociedad enferma

Carta abierta

Han transcurrido 7 años desde que denuncié a mi marido a causa de las circunstancias extremas que estaba viviendo. Lo condenaron por malos tratos psicológicos y amenazas. Fue el final de una pesadilla y el comienzo de una nueva vida.

No todo ha sido un camino de rosas, pero es mi nueva vida. Una vida donde los insultos no existen, donde los gritos no existen, donde se puede conversar sin que tus opiniones sean menospreciadas, donde no recibo un grito por respuesta, donde el alcohol y otro tipo de sustancias no son el pan nuestro de cada día, donde he encontrado gente con la que comparto valores y principios y con otras no tanto, pero ahora sé identificarlas y he aprendido a huir de ellas.

Me he rencontrando con mi marido. Él ha pagado la pena impuesta por la Justicia. Al verlo he visto al hombre que una vez me enamoró, he visto su alma noble, su interior, todo lo que un día me hizo pensar que era posible un proyecto de vida en común. Pero también he visto a un hombre que ha regresado a la misma sociedad enferma de donde salió. Una sociedad que no le reprocha su comportamiento, que piensa que no le debía denunciar, que él no tenía ninguna pena que cumplir.

¿Cómo pedirle a una persona que admita sus errores cuando quienes le rodean aprueban su comportamiento?

El primer paso para la rehabilitación es el reconocimiento de su comportamiento violento, pero ¿cómo lograrlo si todos los que te rodean consideran que la culpable es tu mujer que tuvo el atrevimiento de denunciarte? Las palabras más repetidas son “no era para tanto”, en ese momento es cuando decido alejarme, tanto como me sea posible.

No podemos pedir cambios verdaderos cuando vivimos en una sociedad enferma que con su complacencia permite que este tipo de comportamientos se sigan produciendo. Una sociedad que sólo reacciona cuando hay sangre de por medio, una sociedad que sólo habla de la violencia de género cuando hay una muerte (anunciada) en los periódicos, pero que a la vez ignora todo el terror vivido antes de llegar al fatal desenlace. Y lo peor: es que lo considera NORMAL.

Y hoy, después de 7 años, agradezco a quienes me ayudaron a redirigirme hacia otro estilo de vida donde esos comportamientos no son NORMALES.

Muchas gracias,

Usuaria del programa LARIS (ABD Asociación Bienestar y Desarrollo)

25N Día Internacional para la Erradicación de la violencia hacia las mujeres

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